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Una vez más, la lectora seguidora de Maquiavelo envía al buzón florentino una colaboración plausible. Va textual: Llevo varios días tratando de entender qué es lo que pasa con la “nueva generación de políticos” --como los bautizó Ciro Gómez Leyva. Me he preguntado qué pasa, independientemente de las capacidades o limitaciones para gobernar del Presidente Felipe Calderón y el inexistente Gabinete. Durante los últimos 10 días hemos visto una interminable reproducción de inacabables spots de los “logros” del tercer año de la administración de FCH. Hemos visto varias entrevistas muy elaboradas en las diferentes cadenas de televisión. Vimos el “Súper Evento” que organizó para rendir el Tercer Informe de Gobierno, mismo que, dicho sea de paso, debió de haber sido a la ciudadanía, a través de nuestros representantes en la flamante y recientemente instalada LXI Legislatura, y no solamente a través de los medios electrónicos y para sus seguidores. No me quedó claro el porqué organizar un evento infinitamente más complejo en términos de logística, el cual representó un gasto innecesario, cuando estás anunciando y justificando la crisis económica más profunda de la historia contemporánea y enumerando los efectos que en ella tuvieron factores ajenos a la mala administración, prevención y decisión del último año. Y todo esto siendo que el Congreso de la Unión es el recinto en el cual se pudo haber llevado a cabo la ceremonia, austera, como se acostumbra en todo el mundo, o en su defecto, sólo entregarlo al H. Congreso de la Unión, a través del Secretario de Gobernación, como ya lo venía haciendo. ¡No!. Eso no es “totalmente Palacio”, y hubiera dejado fuera la oportunidad de los nutridos aplausos así como dejó fuera la interlocución con nosotros, los votantes, a través de nuestros representantes. Llevamos todos estos días leyendo críticas locales, internacionales, y viendo y escuchando análisis sobre el tema del Informe y… Hoy, 7 de septiembre, cuando se anunció que el Presidente daría un informe a la nación, después de un muy bien preparado evento publicitario manejado mediáticamente el domingo 6, en los canales y horarios estelares, Hoy, ante el anuncio de una nueva aparición en cadena nacional, caí en la cuenta de qué es lo que me viene molestando de todo esto. Cuando existía la Institución Presidencial, buena o mala, bien entendida, o no, existía una forma mediática y de operación política y administrativa de los responsables de las diferentes carteras gubernamentales, esto es, de cada secretario de Despacho. Poco se veía al Presidente ya que era el último recurso. Sabíamos que si el Presidente anunciaba algo en cadena nacional, sería algo de trascendencia e importancia. Casi se paraban las labores para escuchar lo que el Presidente tenía que decir. Y las cosas de la Administración se manejaban en cada Secretaría del Despacho Presidencial. El Presidente no desgastaba su imagen. El Presidente se reservaba, al Presidente lo esperábamos ver, ya fuera para aplaudir sus decisiones, o para reprobarlas, pero eran pocas sus apariciones en medios. La sobre-exposición de FCH es lamentable. Ya nos cansó. Y quienes manejan la imagen pública del Presidente no se dan cuenta del daño que le han hecho a él, a la Institución presidencial, a la Administración Pública, a los inexistentes secretarios del Despacho, quienes no pueden dar la cara porque para ponerla, esta él, el Presidente. Recuerdo cuando se iniciaron las administraciones panistas a principios de este siglo, cuando ese partido dejó de ser oposición y consiguió un triunfo sobre el mal llamado “Día del Presidente” y acabó con esa costumbre que, a nuestro buen entender, representaba la oportunidad de que se interpelara al Informante, y el Presidente de la Cámara, en turno, contestaba con un mensaje político. Se consideró, entonces, que era un momento estelar del Titular del Ejecutivo y consiguieron desaparecer esa costumbre. ¡Qué necesidad! Cuando ya se había ganado un espacio. Cuando ya se habían dejado de lado las posibilidades de la crítica directa o de la interpelación con orejas de burro, como lo hizo Fox en su tránsito como legislador, o como tantos perredistas, petistas y panistas o de cualquier partido, interpelaba, interrumpía y agredía al Presidente en turno. ¿A qué le tuvo miedo Calderón? ¿Por qué sólo invitó a sus seguidores? ¿Instituyó una nueva forma del “Dia del Presidente”? Porque ahora todos los días son, ¡ufff!, los días del Presidente.
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