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16:19 | Domingo, 20 Mayo de 2012
Agosto 23, 2009

Hay que hablar, aunque sea mal

Durante todo el siglo XX a los mexicanos nos dijeron desde el seno mismo de la familia: si vamos a platicar, que no sea de religión ni de política. Así también fue que nos desmovilizaron. Hoy, una lectora de Maquiavelo platica con él  --cual si fuese Montesquieu (Diálogos en el Infierno; Marcel Jolly)-- y dice que hay que hablar... aunque sea mal, pero hay que hablar: QUE SE HABLE BIEN O MAL… PERO QUE SE HABLE ¿De que forma la ética personal impacta nuestra integridad? ¿Por qué será que la reotralimentación mediática o personal nos ofende? La primera medición para un servidor público debería de ser: ¿Cuánto tiempo se tarda en dejar de ser persona y comenzar a perder piso? ¿Cuánto tiempo pasa entre que tomó el cargo y dejó de escuchar? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar entre que deja de escuchar y nos lleva al baile? ¿Cuanto tiempo pasa entre que nos lleva al baile y nos culpa de ello? El Ego es un poderoso monstruo que va en contra de toda ética, y que no permite que conservemos el eje, nuestro centro. Aristóteles decía que la dosis adecuada de orgullo (pride) es lo que divide al personaje de la arrogancia. Él veía el orgullo como parte esencial para la virtud porque implica valores en nuestra persona. Pero también veía que el ego es simplemente el alimento de tu propio ser, es egoísta, no escucha, ofende. Ejemplos de este fenómeno se han dado y se seguirán dando desde el seno del Partido Acción Nacional, dentro y fuera de la Administración Pública. Desde su trinchera publica o desde su trinchera privada. “Ya hoy hablo libre, ya puedo decir cualquier tontería, ya no importa. Total, ya me voy”. Frase célebre de Vicente Fox en octubre de 2006. Frase que asume su libertad para insultar, su libertad para agredir, su libertad para manchar. Frase salida desde su ego y no desde su orgullo. Frase que delinea perfectamente la aberración por lo hecho y por lo no alcanzado, desdibuja lo hecho y es contundente el reflejo de su imprudencia. Si esta hubiera sido sólo una frase… ¡Qué desafortunada!  Pero es una de una lista de palabras enlazadas en frases ofensivas que conforman un catálogo histórico. ¡Qué aberrante! Voluntades y caprichos que atropellan y que ofenden la inteligencia del ciudadano común y corriente. Pareciera que subir al poder da derecho a descalificar, a  pensar que la omnipotencia desde el ego es el volátil timón para guiar un país. La semana pasada el Presidente Felipe Calderón censuró a los que hablan mal de México y como dice un buen amigo…. “Sr. Presidente usted no es México”, El Presidente hizo un comentario desafortunado y poco reflexionado. Claro que se habla de la mala administración, claro que nos gustaría que nos escuchara, por supuesto que nos gustaría que nos apoyara y no nos censurara. Pero eso es imposible si nos ve desde su ego y no desde su posición de estadista. La palabra es una herramienta que transmite ideas. Sirve para cautivar o convencer, o sirve para agredir o destruir. Pero el lenguaje hablado puede y es más contundente cuando descalifica lo que se dice. Sr. Presidente, no importa lo que diga la pluma o la palabra de muchos, importa lo que dice el comportamiento colectivo. Importa lo que pedimos los mexicanos con nuestra depresión colectiva. Importa lo que demandan los votantes con su desencanto colectivo. Importa que nos volteé a ver y salga de su zona de confort para escuchar el grito desesperado que hacemos los mexicanos que ya no queremos ver como día con día se nos desmorona en las manos nuestro tener y obtener, nuestro luchar y no poder vencer. Sabroso diálogo con Maquiavelo, ¿no cree usted?

1 Comentario | Comenta

  1. Alonso Mejia says:

    Recuerdo como la esposa de algún funcionario cercano a alguna persona cercana a mi familia contaba que su marido no tenía idea del costo de la vida por que todo se lo regalaban. Lo peor es que esta persona trabajaba en un importante puesto relacionado con la economía del país.
    El día que nuestra cultura deje de estar enfocada a complacer al poderoso o al importante y complacer a la verdad y a la razón seremos mejor pueblo.
    Ojalá cambiaríamos el “sí señor” por el triunfo de la razón.
    Creo sin embargo que es una cosa cultural y no privativa de la administración pública. En mi línea de trabajo veo mucho a la gente prefiriendo quedar bien con el que firma sus cheques que trabajando por el bien del producto final.
    Supongo que nos falta la capacidad de entender que al final del día estará más contento nuestro jefe y todos los demás involucrados si hacemos las cosas bien y los resultados son positivos.

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